Nadie es profeta en su propia tierra

Transcurría el día 5 de septiembre de 1946 cuando la isla tanzana de Zanzíbar veía nacer a un niño llamado Farrokh Bulsara. Al poco de venir el Mundo, sus padres se trasladaron a Bombay, en la India, donde Farrokh viviría hasta 1964, año en que se alojó definitivamente a Londres.
En febrero de 1955, Farrokh fue enviado al internado de St. Peter en Panchagani, a unos 80 kilómetros de su residencia. Allí, con unos estudios de férrea tradición inglesa, destacó como atleta jugando al cricket, al tenis de mesa, al hockey y boxeando. Sin embargo, su verdadera pasión era el arte por lo que pasaba horas escuchando viejos discos y cantando. Así, el joven Bulsara formó parte del coro de la escuela, aprendió a tocar el piano y formó, en 1958, una banda de rock llamada “Los Heltics”. A pesar de todo, Farrokh no se llevaba demasiado bien con sus compañeros que lo describían como un muchacho bastante anodino al que, por sus dientes salidos, le pusieron el mote de “buckie” (conejo). Esta situación le irritaba sobremanera y decidió cambiar su nombre para siempre por el de Freddie. Pensaba vencer a los que consideraba unos matones referenciándose como una especie de heredero de Freddie Kruger, el asesino creado en la década de los 40 y llevado al cine por primera vez por Wes Craven en la película “Pesadilla en Elm Street”. Por ello, y por su condición de homosexual, muy mal vista en la India, se le puede aplicar la frase bíblica de “un profeta solo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio” (Mt, 13-57; Mc, 6-4).

Ya en Londres, en abril de 1970, Freddie conoció al guitarrista Brian Mary y al batería Roger Taylor con los que formaría Queen, la inolvidable banda musical. Por entonces, también cambió su apellido a Mercury ya que, según sus propias palabras, cuando cantaba “Mother Mercury, look what they've done to me” (Madre Mercurio, mira lo que me han hecho) en el tema “My Fairy King” (Mi Rey de Hadas) hablaba sobre su propia madre y, probablemente, sobre su pasado en la India. Falleció de una bronconeumonía complicada por el SIDA que padecía el 24 de noviembre de 1991, pocos meses antes de realizar uno de sus sueños: cantar con Monserrat Caballé “Barcelona”, el tema que había compuesto como himno para las olimpiadas de 1992 y en el que ya profetizaba su cercana muerte: “y si Dios quiere nos reuniremos de nuevo algún día”. Freddie Mercury fue un genio de su tiempo, una de las mejores voces del siglo XX, pero un incomprendido en su tierra de la que se tuvo que emigrar.


Recientemente, la Federación Navarra de Baloncesto ha presentado un libro titulado “El baloncesto navarro, historia de un proyecto compartido”. El tomo, con más de trescientas cincuenta páginas ha recibido enormes felicitaciones por sus magníficas fotografías y presentación. Sin embargo, existen muchas discrepancias sobre su contenido. Y es que “los libros tienen los mismos enemigos que el hombre: el fuego, la humedad, los animales, el tiempo y su propio contenido” (Paul Ambroise Valéry; escritor, poeta y ensayista francés). En mi caso, y pese a que puedo considerar al autor como un gran amigo, no he sido muy bien tratado. Por todos es conocido aquello de que “con estos amigos, ¿para qué quieres enemigos?”. Ya lo decía Marco Tulio Cicerón, “las enemistades ocultas y silenciosas son peores que las abiertas y declaradas”.

Por partes. En la página 309, dentro de la Galería de Clubes se describe la trayectoria del Club Baloncesto Maristas. En ella el autor, en un listado con 12 nombres, cita a sus más destacados entrenadores. No aparezco, pese a que soy profesor del colegio Marista de Sarriguren desde el 15 de septiembre de 1986 (más de 25años), y pese a que antes de esa fecha llevaba varias temporadas dirigiendo equipos en su cantera. El propio historiador que ha escrito la obra me sacó del patio de Escolapios fichándome para el de la calle Sangüesa, sede entonces del colegio Santa Mª. la Real de los hermanos Maristas. Como quiera que colaboré en la elaboración del libro, pude preguntar por las razones del supuesto olvido. La respuesta del escritor fue tajante, los que figuran son los que salieron de las aulas del colegio. Pese a que la historia nunca ha hecho ese tipo de distinciones, para mentir hay que tener buena memoria. Y es que resulta que en la relación figura Manuel Valdés, persona de la conozco muy bien su origen baloncestístico ya que fui su primer entrenador y quien lo llevó a Maristas desde su centro de estudios, el colegio Calasanz.

Por si esto fuera poco, hay otros apartados en los que las omisiones son significativas. Aparezco en las páginas 126 y 127, en la serie de 153 biografías de personajes ilustres del baloncesto navarro. Con el fin de completarla cada uno preparamos nuestro currículo y lo enviamos para su inclusión en la obra. Aunque el cronista manifiesta que tal y como llegaron se han dejado, también es falso. En mi caso se censuró, no puedo entender con qué motivo, una historia que me ocurrió en uno de los períodos en los que dirigía al equipo junior masculino del Club Baloncesto Maristas. Tal vez se puede alegar que no pegaba en la biografía, pero muy bien hubiera ido en los textos correspondientes a esa temporada. Otras anécdotas como la de la “filosa” bien que han sido añadidas; la mía no tenía cabida. Hay más. Entre las fotografías que aporté para que pudieran ser introducidas en la obra había una galardonada en un concurso del Club Natación Pamplona, por lo que, objetivamente evaluada por otras personas, era realmente buena. Seguro que pocas o ninguna de las imágenes que se recibieron habían sido premiadas. Parece ser que se incluyó en la primera versión, pero pronto y sin motivo aparente desapareció del libro en las posteriores correcciones.


Creo que, como decía el comediógrafo griego Aristófanes, como persona medianamente inteligente, aprenderé mucho de mis enemigos, de los que no se comportan. Sin embargo, al final no queda rencor ya que “la Biblia (donde también se indica que nadie es profeta en su propia tierra) enseña a amar a nuestros enemigos como si fueran nuestros amigos, posiblemente porque son los mismos” (Vittorio de Sica, director y actor de cine italiano).

Para acabar, se podría recordar al autor que pese a como él subraya la historia la escriben los vencedores, Abraham Lincoln manifestó una vez algo tan real como "puedes engañar a todo el mundo algún tiempo; puedes angañar a algunos todo el tiempo; pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo".